domingo, 10 de agosto de 2008

VALLE OSCURO

Se sombreó de gris la creación, y el silencio lo invade todo,
se enfría la tierra, desdeñada por su amante el sol,
en la distancia estalló la más extraordinaria estrella,
revelando su hermosura antes de desaparecer.

En mi valle malévolo y yermo, alguien opaco y maléfico,
alguien cuyo nombre debe ser Demonio,
se bebió de un sorbo, sin respiro y sin pena,
la sangre bendita de unos niños de mirada bella.

¡Oh, Dios!...

Tal vez hayan cerrado sus ojos guardando en su memoria,
el sabor de un caramelo, la sonrisa de una amiga,
o ese partido que nunca acabo porque había llegado,
la hora de la leche con vainilla.

Quizás cuando la vida les tomaba vuelo,
hallaron en la travesía hacia el edén,
la mirada cansada de su padre al regresar del trabajo,
y la caricia de su madre antes de llevarlos a dormir.

Tal vez los ángeles los convocaron a unirse a su ronda,
para cantar susurrando antiguas baladas de cuna.
Tal vez, los vistieron de nubes, los calzaron de auroras,
y, al fin libres del miedo nacieron de nuevo.

¡Oh, Dios!...

En mi valle oscuro se alza el grito de venganza,
las manos se elevan, se rompen las gargantas,
los ojos se secan, se olvida el perdón,
porque llegó el momento de acabar con la bestia.

1 comentarios:

Marta dijo...

Moni, a este poema le había escrito unos comentarios, después se los ponés, besitos