miércoles, 3 de septiembre de 2008

LA DESESPERANZA


Alzo mis manos en signo de plegaria,
a ese cielo oscuro por las inclemencias,
y se mezcla mi afligido sollozo,
con el rugido intenso del silencio que me cerca.

Suplico por unas lágrimas que sofoquen,
los tizones ardientes de la rabia,
que sin misericordia mi interior devasta,
en un hoguera feroz que el alma me endurece.

Busco la prudencia, y me enloquecen las quimeras.
Esas a las que me sujeto en un intento inútil,
para ampararme del abismo infernal de la tristeza,
que es la morada donde convivo con la soledad

Quisiera lograr arrancarme los labios,
para no perpetuar esos besos que le ofrecía,
y perder mis manos en alguna vuelta del camino,
para olvidar que la ame y ella no lo hizo de ningún modo.

Estoy con vida, y ruego a voces la muerte.
¿Por qué no me extingo?, ¡maldita existencia!
Será quizás que en el texto de mi historia,
debo agregar versos nuevos a pesar de mi desaliento.

La desesperanza es el lecho que cobija mis huesos rotos,
los andrajos que cubren la desnudez de mis horas,
es el áspero sabor de mi llanto que cae libre,
al descubrir que a pesar de todo sigo en el mundo.


1 comentarios:

Marta dijo...

cómo no verse reflejado, será que cuando lee, no tiene conciencia de lo que le pasa?