miércoles, 29 de octubre de 2008

FIEBRE


Suave descienden mis dedos por tu rostro ardoroso,
y la inquietud trémula de tu cuerpo entre las sábanas,
me expresa cuanto sufres, amor mío,
sin que pueda hacer mas que custodiarte en silencio.

Sentada junto a tu cama te contemplo largamente,
con los ojos atentos a cualquier gesto que revele,
que lo que te destroza por dentro se agrava,
poniéndote en peligro de muerte.

En estos instantes que la fiebre te tiene cautivo,
mis labios se convierten sobre tu boca sedienta,
en el agua fresca que pretende recobrarte de tanto fuego,
mientras de mi pecho escapa un gemido convertido en plegaria.

Nunca sabrás que en esta noche larga de desvelo,
como una silenciosa sombra custodie tu sueño,
que casi sin respirar me mantuve presa,
del tembloroso ritmo de tu amado pecho.

1 comentarios:

Marta dijo...

amiga, duele mucho cuando el ser amado sufre